Prefacio:

Dear Heather
Please walk by me again
With a drink in your hand
And your legs all white
From the winter

Descifrar el significado de esa pequeña misiva a una tal Heather puede parecer, no sólo una empresa inagotable, extenuante y por demás innecesaria y ociosa, la razón de ello es que esas cinco lineas representan la suma de todo lo que Leonard Cohen ha escrito a lo largo de más de 40 años.

Leonard Cohen, el escritor de títulos tan arriesgados como Flores par Hitler o Comparemos mitologías era ya un literato reconocido cuando decidió comenzar a cantar, si es que “cantar” es la palabra correcta para esa voz, una que parece venir desde lo más profundo de una cueva, desde ultratumba o desde el interior de un corazón, profunda y claramente paciente, pero no por ello menos seductora ni poderosa. Sus canciones, que creo mejor describirlas como poemas musicalizados (con reserva a que la definición se convierta en todo un escándalo), hablan de cualquier cosa que al hombre le atañe, la vida, el amor, la muerte, el futuro, el agradecimiento… Todas ellas conforman una Torre de la Canción que se ha ido construyendo a partir de la fusión entre el judaísmo, místico y vivencial de gran parte de su vida, las imágenes del cristianismo y su sentimental apego por el Budismo.

Cohen no es una composición sencilla, de entrada pareciera ser no más que un cantante de blues con toques R&B, mucho de folk y un poco de jazz y pop, pero ello sólo conforma el pentagrama donde, no con notas sino con palabras, siempre precisas, se escriben cosas como “… and I lift my glass to the awful truth, which you can´t reveal to the ears of youth, except to say it isn´t worth a dime…” Cuál es esa verdad? Depende del poema; puede ser la aplastante verdad de que el futuro está aquí y hay que hacerle frente, o que la peste se ha desperdigado sin modo de detenerla, o inclusive que, la democracia nace de la guerra contra el desorden, las sirenas día y noche, las fogatas de los pordioseros o las cenizas de los homosexuales, todo ello en tiempos de la guerra fria, la caida del muro y la aparición del sida. Pero esa misma verdad puede ser la que está dentro de su propio aleluya, del famoso abrigo azul de la mujer amada o de una tonada muy pop que habla de que la muerte está aquí.

A sus más de setenta años, Cohen sigue escribiendo, con un tono más amoroso, pero siempre incisivo, sobre todo lo que lo ha vuelto un ícono. Admirado por Bob Dylan (que es capaz de sólo prestar su voz en un par de coros con tal de cantar a su lado). Seguido por muchos que hoy cantan sobre los mismos temas (podríamos hablar de k.d. Lang o de Tori Amos sin Cohen?), con miles de tributos y homenajes en su honor, e inclusive una película donde Anthony, el mismo de los Johnson, que ahora honra a Hercules y sus amorios estilo setentero, y Bono, que mete su nariz en todo, simplemente todo, desde el calentamiento global y el hambre en Africa hasta el diseño de cualquier tipo de lentes Gucci que siempre parecen quedarle asquerósamente bien, le cantan a ese hombre de muchas mujeres… hombre de no más de diez canciones en cada album, todas ellas, dignas de horas de silencio al mejor estilo Zen.

Por qué escribo sobre Leonard Cohen? No lo sé, supongo que existe un vals que me invita a recordarlo constantemente, por que encuentro admirable y absolútamente encantador pensar en Suzanne y los tiempos que se acercan en cada ocasión, siempre llenos de sentidos que él ya había dibujado antes de que nos empezara a preocupar. Cohen, en mi opinión, que de docta no tiene casi nada más allá del gusto, es la lectura necesaria de nuestro mundo, es un hombre místico que se caracateriza por su simpleza, el ícono número uno del paralelo 49 que tiene aún las agallas de deletrear sus propias canciones (como sucede en Dear Heather) mientras dibuja una estrella de david hecha por dos corazones entrelazados, lo cual, data de miles de años atrás, pero encuentra su sentido en la vida secreta de un hombre que vacía todo lo que vive en literatura con música.

Postfacio: Abajo hay un tres de videos de Leonard Cohen, The Fture, cantada por él mismo, Halleluyah por k.d. Lang e If It Be Your Will por Anthony, para escucharlas, odiarlas si así se quiere, pero sobre todo para pensarlas un poco.

Advertisements