Indudablemente el arte es el medio de expresión por excelencia, de todo aquello que nos es relevante. Sea cual sea la motivación de que nace, el arte le es tan propio al hombre como su misma necesidad de comunicación, de interacción, de diálogo con el mundo, con los otros, consigo mismo, con lo más íntimo y lo más vil, lo etereo, lo espiritual, lo corporeo… Ejemplos sobran, la historia de la humanidad se encuentra plena de ellos.
En mi caso, las letras, la pintura y la música son las tres formas artísticas que más me llenan, siendo la última aquella a la que más apego le tengo y la que me parece más sublime que cualquier otra, por diversas razones que aquí no he de discutir, al menos no ahora.

La idea de conjugar expresiones artísticas diverssas es un paso muy dificil, ya que cada una de ellas habla por si misma y por lo tanto, la búsqueda de que todas esas “voces” se armonicen y no se conviertan en un “escándalo” es en donde radica la responsabilidad del artista.

Vanessa Daou se ha dado a esa tarea teniendo como eje la música desde hace ya varios años. Cada uno de sus discos es la expresión acabada de un sólo tema que ella explora de manera exhaustiva, la filosofía Taoista –Head Music-, la poesía de Erica Jong –Zipless-, el espacio exterior y el ciberespacio – Plotinum Glow-, el feminismo – Make You Love-, John Coltrane – Dear John Coltrane-… El objetivo de Daou es dejar salir desde lo más íntimo del genio creador que la caracteriza, las relflexiones, sentimientos y opiniones que se traslapan como planos en una imagen, conjugando lo visual, lo auditivo y la palabra escrita.

Teniendo claras influencias del blues y el jazz, así como de los místeriosos ritmos que acompañan siempre las religiones de oriente, Daou conjuga la poesía más contemporanea con las imágenes que acompañan cada una de sus presentaciones y discos, siempre mostrándola a ella como el centro de la relfexión, como el conejillo de indias. Vanessa hace un autoretrato permanentemente cambiante que se adapta a cada contexto.

Su música es muy downtempo, una electrónica que no abruma sino que envuelve, acid jazz, drum and bass y poesía que se va leyendo, casi susurrando mientras se crea una atmósfera propicia para el escucha desinteresado. Es algo así como beber un trago ligero, ver una pintura y escuchar una poesía a la vez, en una abitación donde no hay nada más que uno mismo. Joe Sent Me, su nuevo disco, no es la excepción y, aunque no lo he oido todo, no decae en nada respecto de los anteriores; tiene una atmósfera más obscura, producto de su inspiración en algunos textos prohibidos, pero como siempre es todo un placer. Nada que se pueda escuchar en una fiesta, pero sí en compañía de uno mismo, o alguien lo suficiéntemente íntimo y cercano!

-El player tiene algunas rolitas de ella, enjoy!-

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