Vestida de blanco, con una llamativa mascada dorada en el cuello se presenta Ana Guevara en la propaganda del PRD que la postula como candidata a delegada de Miguel Hidalgo. La foto es muy famosa ya, casi tan famosa como la mujer a la que muestra y, cada vez que la veo, por que de verdad está en todos lados (incluido el Metro, que es el showcase del PRD gracias a Marcelito), me nacen dos inquietudes (debería decir incomodidades?).

La primera es, Ana Guevara sera hombre? Ya sé que suena estúpida la pregunta, pero desde que la antes corredora se hizo famosa, cuando ella se dedicaba a lo único que de hecho sabía hacer bien, me surgió la duda, que ahora es certeza, de que algún día no muy lejano, acaparará todos los noticieros la conclusión de algún análisis genético (tal vez propiciado por algún familiar despechado) de que Ana Guevara en realidad es de sexo masculino, que tuvo una infancia muy dificil, llena de abusos y traumas y eso la hizo ocultar su verdadero “yo” durante años.

La segunda de mis incomodidades al respecto es: de verdad hay alguien que crea que Ana Gabriela Guevara Espinoza sabe algo… tiene la más pálida idea de cómo dirigir una instancia de gobierno? Me parece ridículo cómo la política es ahora, más que nunca antes, un desfile de celebridades y businessmen que saben tanto de política y administración pública, como yo sé de pilotar un avión…

Todo lo anterior me ha llevado a concluir que, muy probablemente, al margen de los rios de tinta que se han escrito debatiendo las bondades (o la falta de ellas) sobre la anulación del voto en las próximas elecciones. Si existe algo que no me gusta, algo que de hecho me molesta mucho, es que me quieran ver la cara de estúpido. Normalmente no permito que esto suceda. No dejo que mis alumnos hagan trampa en los exámenes, me molesta que me entreguen tareas copiadas, me pone de muy mal humor que un taxista quiera “clavarse” mi cambio con el pretexto de que no trae “pesos” cuando le pago… Así que se imaginarán cuán enfermo me hace sentir la idea de votar por alguien cuya cultura general no va más allá de las primeras dos estrofas del himno nacional mexicano, y que de administración no sabe más, que contar cuántas medallas se ganó en las olimpiadas (tomando en cuenta que ese número no va más allá de una simple cuenta del uno al diez).

No sé, y no creo que me importe, si el voto nulo vaya a ayudar a que la democracia (que de hecho hemos comprado como la mejor de las formas de gobierno aunque no es nada más que la menos peor) sea algo mejor, pero es el único modo que tengo de hacerle saber, cuando menos al que cuenta las boletas el día de la elección, al cerrar las casillas, que no me gusta que me quieran ver la cara de imbecil!

En mi opinión Gpe. Loaeza debería seguir escribiendo trivialidades sobre niñas de escuelas privadas en los sesenta y de sus compras en el Palacio de Hierro; Laura Esquivel estaría mejor viendo cómo se fusila partes de libros de hace décadas, para escribir otra novelita de la que se haga una película famosa; el “gordito” del Verde… que se quede anunciando dietas milagrosas y Lilia Aragón, pues obvio, que la haga de mala sólo en las novelas de Televisa. De tenerlos a ellos como autoridades gobernantes, mejor me cuido yo sólo!

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