Una noche lluviosa en cualquier ciudad de norteamericana. El sonido del jazz que se mezcla con el de los disparos constantes en el bar que está en la planta baja de un viejo edificio. Un viejo departamento pisos arriba, de esos que sólo aparecen en una novela policiaca. Un pasillo largo, con ventanas que dejan pasar los intermitentes destellos de algún anuncio de neón del otro lado de la calle. Al fondo, después de caminar sobre el crujiente piso de madera, está un baño, en el centro una vieja tina, llena hasta el tope con un montón de burbujas y algunas flores flotando sobre ellas.
Lentes de pasta gruesa, pareciera que más allá de ayudarle a mejorar su vista, los usa para esconder partes de su rostro y resaltar sus labios. Ella canta, es lo que mejor sabe hacer… Quién sabe, tal vez trabaja en el mismo bar de donde salen la música y los balazos. Indiscutiblemente esa mujer, acompañada de un puro que tal vez pocos hombres fumarían, no pertence a este tiempo. Ella es de otra época, aunque su voz, su voz podría estar en cualquier momento de la historia moderna. Su voz es atemporal por que es hermosa, pero su actitud… esa contrasta con el resto de lo que se ve y se oye en ella. Decidida a encontrar quién la ame a su modo, tiene una actitud a veces dulce, a veces pareciera inclusive ser debil, pero siempre deja escapar algunas notas que muestran lo fuerte que es. Ella podría ser cualquiera de las mujeres de un libro de Auster; en el fondo ella lo que quiere es que la amen, que estén a su lado todo el tiempo, lo cual no le va a quitar de encima el eterno dolor causado por quién sabe qué experiencias, pero que la hace, no sólo misteriosa sino infinitamente sensual.

Si su nombre es algo importante, sólo para que lo sepan, se llama Melody Gardot y ojalá la recuerden. Hace tiempo ya había hablado de ella (AmaRo: Burroughs, Jünger y mi adicción) y de los bares y de su dulcemente seductora voz. De verdad hay pocas personas en el mundo que posean la cualidad de enamorar y deprimir al mismo tiempo con una misma canción. Pero no es el enamoramiento lleno de regocijo con el que asociamos normalmente la felicidad plena. Tampoco provoca la depresión que puede llevarnos al deseo de irnos a dormir y no despertar jamás. Las canciones de Gardot detilan una cosa muy sensual que oscila entre lo dulce y lo desocrazondor, entre lo deprimente y lo sutil, entre la música con influencias de jazz y los sentimientos con forma de notas musicales a ritmo de jazz. Su nuevo disco se llama My One and Only Thrill, y el nombre es de lo más oportuno, qué mejor manera de describir un amor que no sólo provoca dulsura, sino que es tierno y triste por igual.

El player de la derecha ha cambiado, está influenciado por esa mágica voz de desolación sútil y agradable con la que canta Melody Gardot, por favor, escúchela. Imagínense en los veintes, en un bar, con unos tragos encima y un sombrero a la Dillinger. Después, a la tina con olor a puro, con olor a la permanente melancolía que, tras una decisión personal deja salir las mejores interpretaciones musicales de hace mucho tiempo. Enjoy!
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