Desde hace ya unas semanas tengo un nuevo roommate, una nueva roommate, debería decir. Se llama Justine y viene desde Lyon. Claro que cualquiera, después de leer esas dos oraciones pensará que qué hueva enterarse de ello. No importa, al margen de las amargas experiencias que alguna vez he tenido con mis compañeros de departamento, ésta pinta para estar muy bien. Ella es muy simpática, estudia la uni en México y le encanta la idea de aprender cosas de la cultura mexicana, muy chido!
Hasta ahora, y con el pretexto de que ella no conoce nada de México, nos dimos a la tarea de ir a los lugares que en teoría son “obligados” para visitar. Garibaldi fue uno de ellos. Aunque se supone que uno como mexicano debe conocer todos esos lugares tan típicos, pues yo nunca había ido, todavía una noche antes de que sucediera, el siempre mamón de Amaro estaba dudoso de querer ir… Pero a pesar de la lluvia y de cualquier otra cosa que se nos puso en el camino (básicamente una serie muy larga de chelas), llegamos al Tenampa, recomendación de Aydé. La verdad es que nos la pasamos muy muy bien. Contrario a lo que yo esperaba hay mucha seguridad (sí, ya sé, lo policias del DF y la Carabina de Ambrosio son lo mismo…. pero algo de tranquilidad te dan), están construyendo una nueva plaza para los mariachis y en términos generales la gente bebe en la calle sin mayores problemas (nosotros siempre tan europeos!)
Uno que otro borracho impertinente intentó ligarse a la recién llegada Justine y la muy nacional y rubia de mi amiga Aydé, pero hasta eso estuvo chistoso, después de todo, no podemos evitar el ver güera (o güero) y querer lanzarnos a la conquista. El tenampa es un lugar muy divertido, con una cantina que ocupa todo el lado izquierdo del salón, super bonita, muy al estilo de los cincuenta, super conservada… Los meseros, bueno, cien por ciento mexicanos, mucho traje mariachi-style y la música a todo lo que da, rancheras, jaranas, sones y el güey de los toques, que por cierto, aún siendo mexicano me parecen más un martirio que una diversión, será por la hipocondria que me caracteriza (no vaya a ser que la electricidad me provoque un infarto o quemaduras severas en los dedos donde llevo puestos los anillos).

El Tenampa se merece un diez, Garibaldi, aunque no deja de ser un poco de lo que siempre hemos sabido, se lo merece también y la posibilidad de ir a lugares únicos en el mundo, con música, bebidas y ambiente, únicos también, que brinda el hecho de “acompañar” a un extrangero me encanta, después de todo, termina uno mismo siendo observador de su propia ciudad, que tan mala fama tiene ya entre nosotros mismos. Enjoy!

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