Que de entrada, cuando uno va a ver 500 Days Of Summer, te digan desde el inicio que no es una historia de amor, sino sobre el amor, llama la atención. Efectívamente lo anterior es uno de los méritos de la película.

500… cuenta la historia entre dos chavos; él, que cree en el destino y ella, que sólo quiere pasarla bien y no comprometerse. Así pues la peli se desarrolla en un ir y venir que deja ver lo que pasa en cualquier relación, las cosas nunca son rosas. El amor siempre incluye a la desilución, el dolor, la duda, el hartazgo y la música.

¿Qué somos? ¿Qué estamos haciendo? Son algunas de las preguntas en una pareja. Son insoportables cuando es uno a quien se las formulan. Pero vitales para aquel que busca una respuesta que satisfaga, o al menos que dé la tranquilidad de que mañana no se va a levantar la otra persona y decidirá que ya no quiere nada, aunque la verdad es que, eso nada nos lo puede asegurar.

Creer en el destino, en que nuestra alme gemela aparecerá en algún momento y que será como un sueño hecho realidad, donde nada sale mal y que a cada momento, hasta en los peores, podremos reafirmar que estamos hechos el uno para el otro, siempre trae como consecuencia un dolor inigualable y la terrible confusión por no saber qué sucede, mientras uno está en el idilio. Así pues, el final siempre pega como un baño de agua fria que ni te esperas ni comprendes hasta que es demasiado tarde.

Estar, por otro lado, instalado en la onda de “sólo divertirse” impide involucrarse al cien y, por lo tanto, se vuelve uno un animalito asustadizo que a la primera señal de compromiso, ataca desesperado, se vuelve violento, o por lo menos distante y da todo por terminado sin mayor explicación.

500… muestra las dos caras de la misma moneda, donde al mismo tiempo, es innegable que mientras se está enamorado, uno se la pasa muy bien, el mundo es diferente y, en lo particular, uno también es distinto.

Ahí está pues la idea central de la película. Al verla es imposible no verse a uno mismo, como Tom o como Summer, o como los dos, por que siempre adoptamos uno de los dos roles respecto de nuetsras relaciones amorosas (al menos yo sí, muchas veces como la segunda… veladamente y en secreto como la primera).

La pelícla tiene pues una muy buena estructura, además de dos secuencias de verdad maravillosas; una en la que él baila (el video de arriba) por las calles, así de estúpido como se vuelve uno cuando se enamora, y otra en la que la pantalla se divide y vemos, al mismo tiempo, la realidad y las expectativas respecto de la misma situación después del truene innevitable en la relación.

El último y, en mi opinión, más grande de los aciertos de esta película, es su música. No es un soundtrack incidental, es la música que se vuelve uno más de los personajes, el tercero en importancia después de el chico y la chica. Después de todo el famoso ligue que desata toda la historia comienza gracias a una canción de The Smiths, la del título de este post. En joy!

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