Pareciera que el asunto de los sacerdotes que abusan de menores está en boga, este tipo de eventos forman parte de los titulares de los periódicos y noticieros cada vez con mayor frecuencia. La triste realidad es que no es nada nuevo, lo único que ahora es diferente es que estas cosas salen a la luz con mayor frecuencia pero…

No es la primera vez que se intenta evidenciar una, la peor de las atrocidades de las que la iglesia católica ha sido capaz, aunque siempre encuentran el modo de demostrar que son sólo calumnias o, por lo menos disipar la atención atraída para así “acabar” con el problema. Usan soluciones tan efectivas y punitivas como reubicar a los implicados en monasterios o pueblitos lejanos (donde obviamente seguirán haciendo lo que mejor saben) o pagando cuantiosas sumas que “compensan” el daño hecho.

La noticia más reciente no es ya la de Maciel y sus Pervertidos de Cristo, sino que el mismísimo Papa, cuando estaba en Munich, por un lado, le daba asilo a sacerdotes provenientes de otras parroquias, acusados de abuso infantil, y por otro, que el hermano de Ratzinger, quien también está en el negocio de la fe, admitió “dar nalgadas disciplinarias” a niños de un coro en Regensburg, pero nunca supo de ningún tipo de abuso.

La incógnita podría ser si ahora sí se hará algo al respecto (aunque por mucho que se haga para enmendar el pasado, nada cambiará los hechos). No sólo los castigos penales, de los que la iglesia siempre se escapa, son suficientes, sino una reforma intensa de las instituciones como la Católica que, detrás de los fundamentos irracionales de la gente, es decir la fe, esconden las más viles intenciones.

Tal vez sea yo el único loco que ve motivos donde no los hay, pero pareciera ser que la falta de aplicación de la justicia en casi cualquier lugar del mundo, donde un caso como los anteriores se presentan, se debe a que, el poder del Vaticano en términos económicos y políticos, por no mencionar los sociales, es enorme. Alguien dijo una vez que, si quieres aprender a hacer política, debes estudiar e imitar a la iglesia, después de todo, son la única institución que lleva más de dos mil años en el poder.

Podría hablar de muchas cosas más, el holocausto y el silencio de la iglesia, por ejemplo, o los saqueos a países y comunidades, inclusive de tres de mis conocidos, una fue novia de un padre, ambos trabajando en una escuela, otra es hija de un sacerdote que la presenta públicamente como su ahijada o de un amigo mío cuyo ex fue seminarista y juntos se divirtieron de lo lindo. Por razones obvias no lo haré, pero además, porque ejemplo siempre sobrarán, habrá casos similares mientas la basura de la humanidad sea mezclada con la fe de los individuos, mismos que muchas veces se niegan a ver la realidad que tienen en frente.

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