En una pared enorme, dentro del edificio de Naciones Unidas en NY, hay un mural imaginario que tiene en el centro, ahí en dónde los ojos se clavan desde el inicio, en el punto que más llama la atención, una flor rosada, grande, clara, difumina, que se va fundiendo con el resto de las imágenes que componen la pintura, y que en su conjunto representa a la humanidad entera, pero sólo la humanidad presente… Es como una imagen que se mueve, que va cambiando, pero cuyo movimiento nadie nota, los cambios son imperceptibles de uno en uno, sólo se notan cuando ya son muchos, cuando ha pasado el tiempo…
Así es la música, así es Pink Martini. Si la ONU tuviera un soundtrack, dijo una vez el creador de la banda, sería con música de Pink Martini, y es que encierra la cadencia del latin-jazz, la nostalgia del pop de los setenta, el ritmo de la música clásica romántica… en general, es como la perfecta fusión de géneros que encierra lo que de hecho nos podríamos imaginar si el mundo estuviera siempre en paz.

Es imposible la paz mundial… la música de Pink Martini también, pero existe, en cuatro discos diferentes, todos on el acompañante perfecto en el tráfico, en la cena más romántica, en la nostalgia de un día lluvioso como hoy.

Escuchénlos, parecen todo menos gringos, lo cual reivindica la música hecha en esos lugares. Pink Martini es una mini orquesta que demuestra las infinitas posibilidades que la música que no es World Music, tiene. Tómense una copita mientras los oyen… Enjoy”

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