Abrió el gabinete que se esconde detrás del espejo del baño. Frascos y frascos con etiquetas que mostraban su nombre y la dosis necesaria para curar una cantidad de malestares muy amplia. Dolor de cabeza, de estómago, insomnio, gripa, fiebre, falta de apetito, astillas para la dieta (después de as fiestas es necesario perder kilos lo más rápido que se pueda…y antes de las vacaciones de verano también!). Drogas para sentirse mejor, para estar activo, para terminar con la actividad, para ser mejor en el ejercicio, para tener mejor desempeño sexual, para la memoria, para evitar el envejecimiento… La cantidad de medicinas que habita en ese pequeño compartimento detrás del espejo de su baño es enorme; a veces se pregunta cómo es que logran caber tantos frascos en un espacio que al parecer es tan reducido. Pero no puede deshacerse de ninguno de ellos. Todos los ha necesitados (y sabe que los necesitará) en un momento u otro. Es el modo en que la vida sigue, de lo contrario no podría mantener el paso al ritmo de vida que lleva, probablemente no por que así lo quiera, sino por que algo, no sabe qué, pero hay algo que le exige seguir y seguir.

Pensó que por medio de la medicina el mundo es un lugar mejor! Cada vez podemos curar más enfermedades…que nosotros mismos nos provocamos muchas veces. Podemos vivir más tiempo…aunque el mundo parezca querer que no seamos tantos, ni hagamos tanto daño a lo que nos rodea. Hacemos descubrimientos científicos aplicados a la salud…que sólo aplican para aquellos que tienen los medios económicos y hasta sociales para su acceso. Desarrollamos drogas más eficaces y complejas, poderosas… que no nos hacen más felices, y a veces tampoco más sanos. A cada beneficio le encontraba una contraparte. Se preocupó, pero hizo lo más sano, lo que hace todo el mundo cuando algo les agobia…lo pasó por alto.
Qué pasaría si en lugar, o a la par de lo anterior, existieran drogas de emociones? No opiaceos, no drogas duras de esas que además, hacen de mundo un lugar más peligroso…o al menos más ridículo, y recordó el caso de aquel hombre que hizo un video para salvar Uganda de un monstruoso guerrillero y que en la cima de sus quince minutos de fama fue encontrado en la calle, completamente desnudo, a plena luz del día, masturbándose, con el sistema lleno de drogas con nombres impronunciables y cientos de sobrenombres de la calle. No, no se refería a ese tipo de drogas. Qué pasaría si pudiéramos enfrascar el amor, la esperanza, la paz, la empatía y el júbilo? El mundo de verdad sería mucho mejor! Y se dio a la tarea de imaginarse todos los conflictos personales, amorosos, sociales y armados que podrían solucionarse y evitarse por medio de esas mágicas fórmulas que el mundo aún no tiene y que probablemente nunca será capaz de tener…a lo mejor no por que nunca fuera a llegar el día en que pudiéramos hacerlo, sino por que a nadie parece interesarle que ello suceda, aún cuando fuera asequible.
Se imaginó los pequeños envases de vidrio, con líquido de colores y su descripción, los deseó con todas sus fuerzas, y comenzó a ver con desprecio los desagradables y burdos botes de plástico color ámbar en su baño. Los desprecia pero los necesita. O eso se supone, pero no piensa darse a la tarea de averiguar cómo sería vivir sin ellos. Entonces no pudo sacar de su mente durante algunos instantes la idea de que por medio de la medicina el mundo es un lugar mejor, y después lo dudó, lo cuestionó y finalmente decidió, como debe de hacer cuaquier persona en su sano juicio, ignorarlo, tomar lo que estaba buscando. Tragar las pastillas con un poco de agua y cerrar la puertecilla detrás del espejo del baño. Vio su rostro, hizo una mueca, sonrió in sentirlo de verdad y se fue. Se hacía tarde para salir a alcanzar al mundo.
Todas las imágenes son de Valerio Loi. Human Feelings as Drugs.
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