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“Phenomenon-based education” es el tal vez pomposo, pero muy interesante término con el que se describe la reforma educativa en Finlandia para el 2016. La idea es aparentemente simple, y mucho menos extrema que como se describió en The Independent hace unos días.

La idea es simple, la enseñanza básica se centrará en una combinación de instrucción de contenidos en las distintas áreas del conocimiento, con el trabajo interdisciplinario por temas de relevancia que pongan de manifiesto la aplicación y extensión de las ideas y conceptos en un contexto más amplio, y sobre todo, que lleve a cuestionamientos ulteriores que den lugar a reflexiones (probablemente) más complejas.

Todos recordamos, sin lugar a dudas, lo que se logra con un frasco de vidrio, unos frijoles, algodón y un poco de agua; es el experimento más básico con el que, cuando pequeños, nos fue enseñado el modo en que se da la germinación, el nacimiento de una planta y la importancia de los componentes como la luz solar, los nutrientes, etc. Normalmente, y por desgracia, la enseñanza de ello termina ahí, en un aprendizaje que no revela toda su significatividad por que está centrado en un contexto muy definido, aquel de las ciencias, y que por lo tanto carece de lazos que lo unan con otras áreas del conocimiento aparentemente dispares. Todo ello sin contar con que no existe, definitivamente, una reflexión de lo anterior, con el contexto social, geográfico o económico y cultural en el que cada uno de los niños que llevan a cabo el experimento, se centran.

Finlandia, cuyos estudiantes están siempre en la cima de los resultados de la calidad educativa mundial, ha tomado la iniciativa de perseguir la idea de la intersexualidad y interdisciplinariedad como el eje central de la educación. En apariencia, podemos pensar, no es algo tan innovador, y probablemente no lo sea en términos pedagógicos, pero sí lo es respecto de la real aplicación de las ideas. No se trata sólo de establecer proyectos en los que, una vez que los “frijolitos” germinaron, se hable de las generalidades de la fotosíntesis, o de las características propias de los terrenos donde se da determinado tipo de “plantita”, sino de pensar en cosas como la relación de ello con el desarrollo económico de determinadas regiones respecto de sus capacidades naturales de producción; de la relación con la canasta de alimentación básica y la economía de los ciudadanos, o inclusive de conceptos más abstractos como aquellos que refieren a la historia de las culturas, el rol que la agricultura y sus productos tienen en la consciencia y las manifestaciones sociales o religiosas por ejemplo. Una vez hecho lo cual, se debe de poder levar a la posibilidad de establecer nuevos cuestionamientos, preguntas que lleven a la investigación de temas nuevos y su relevancia con la vida de cada individuo. Ahí es donde se da el balance entre la enseñanza por proyectos interdisciplinarios y la instrucción de contenidos en las distintas materias. Finlandia no ha dejado de lado ninguna de las dos, sólo les ha dado igual relevancia.

Esto último, plantea el ministerio de educación de aquel país, sólo se logra dando autonomía a las distintas regiones nacionales, para decidir los acercamientos más relevantes que tienen los contenidos de instrucción, y los métodos pedagógicos en el contexto de cada educando. Un poder de decisión que casi ninguna nación del mundo le otorga a sus distintas instituciones, escuelas o profesionales de la educación. Finlandia no se está convirtiendo en una nación IB (para los que estén familiarizados con ello) pero sí está poniendo de manifiesto la necesidad de aplicar de manera efectiva, generalizada y tal vez radical, los principios filosóficos y pedagógicos que responden a la pregunta milenaria de cualquier estudiante de cualquier edad: “¿y de qué me sirve aprender esto en la vida real?”.

Un proyecto interdisciplinario no es sólo aquel que se centra en una investigación bibliográfica sobre un tema desde distintos departamentos académicos, sino aquel que tiene como idea primaria, proveer a la gente de respuestas y aplicaciones reales de lo aprendido para que actividades tan cotidianas como tirar la basura, votar por los gobernantes o comprar productos y servicios sean el resultado de un pensamiento más amplio, horizontal y reflexivo…Por ello no puedo dejar de pensar en México o EEUU, países en los que la educación básica está gobernada por la burocracia, las huelgas, los intereses salariales y políticos, y la hipócrita idea de que para que los ciudadanos aprendan, la educación debe ser una política de estado. Es cierto, lo debe de ser, pero siempre y cuando dicha política tenga como eje la importancia de la educación a largo plazo y no sólo como el método para obtener beneficios económicos individuales o electorales, todos ellos, beneficios de los adultos en el poder (y cuando digo poder me refiero al pseudo poder que tienen los coordinadores o directivos de las escuelas, hasta el poder de los secretario de estado y ministerios). El eje de la educación debe ser la educación por sí mismo y, de manera secundaria pero no con menos valor, el de los estudiantes mismos.

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