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Aquel cuya fe está bien cimentada, no se ofende ante la primer mención o burla de un símbolo religioso. Por el contrario, sabe encontrar en ellas la ironía, el valor artístico o la crítica social, sin creer que le habla a sí mismo. Esa podría ser la premisa del arte de Sergey Dyomin. Pintor nacido en Letonia, ha dedicado su obra a la ironía usando vivos colores y hermosas referencias ortodoxas de casi cualquier ámbito. Dyonim tiene piezas en las que se ve mujeres en burka con chalecos antibalas en bicicleta, changos convertidos en santos cristianos rusos, o cerdos no necesariamente capitalistas.

La idea de Sergey es ser crítico del mundo pero sobre todo, y en sus propias palabras, mostrar las cosas que le parecen atractivas sin necesidad de intentar ser reaccionario o provocador.

Sergey ha sido criticado, y al mismo tiempo se ha convertido en una personalidad del mundo del arte, gracias a sus referencias religiosas combinadas con animales, y es ahora, uno de los artistas más reconocidos en el mundo, y probablemente el primero de Letonia en alcanzar ese estatus.

Ahora bien, haré un poco de trampa; le voy a dar un pequeño giro al tema de este post, sin desviarme demasiado. Al inicio decía que aquel cuya fe está bien firme en sus creencias, no se ofende ante las imágenes que aquí presento. Sigo pensando lo mismo. Creo firmemente que una de las principales razones por las que la gente se ofende ante una burla religiosa, es porque ve su fe atacada, pero sobre todo, porque siente que el ataque lo cuestiona, lo intimida y pone en entre dicho la fuerza de sus convicciones y valores. A eso yo no le llamo fe, le llamo tibieza.

La mayoría de los problemas relacionados con las religiones nacen cuando una de las partes osa ser hereje y blasfemo. A mí la blasfemia me divierte; la idea de poner en un mismo pensamiento, dos cosas que por definición no debería estarlo es interesante. Pero más aún lo es la reacción de la gente.

La fe, como el conocimiento y la belleza, es una idea que da fundamento a nuestras vidas, siempre y cuando sepamos en realidad quienes somos y por qué lo somos. Hace poco tuve un desagradable encuentro con alguien que se sintió fundamentalmente ofendido por las imágenes y bromas que se burlan de la fe católica, especialmente de la historia de su profeta en el sufrimiento máximo de la semana santa. El argumento era simple, “no hagas mención de lo que me ofende”, a lo cual yo pregunto: ¿por qué el hecho de que te ofenda me hace el malo e inmoral, en lugar de hacerte a ti el de fe débil y carácter inconsistente y cambiante? Estoy convencido de que cuando alguien tiene la firme convicción, racional y emocionalmente, de que es quien es porque así es como quiere vivir su vida, la opinión de los demás no es relevante, y más aún, cuando esta racionalización es lo suficientemente compleja, existe la posibilidad de ver la falta de sentido que los demás ven, la burla o la crítica y sus razones, y aun así poder vivir justificando sus acciones. y estableciendo un diálogo con el otro.

Tristemente la persona con la que me enfrenté veladamente hace poco con motivo de mi herejía no piensa así. Alegremente me doy cuenta de que no vale la pena discutir con aque a quien hoy su fe le ordena ser intolerante…ya lo decía Locke, la característica fundamental de las religiones, es la intolerancia religiosa absoluta y radical. Y así el mundo, unos se ofenden con Boris y Goleb (los changos de la última imagen) y otros los adoran y venden por millones de dólares. Yo sólo los encuentro bellos y sobre todo, interesantes…pero en el fondo, la verdad, espero que causen un poco de desagrado en los más píos. Después de todo, siempre y cuando no se convierta en conflicto armado, los problemas por falta de entendimiento religioso suelen ser interesantes; se conoce mucho de una persona cuyos argumentos están basados en su herida fe.

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