Tags

, ,

Estos días me he topado con artículos, comentarios, etc., en relación  a la paternidad, con cierta regularidad. No, no pienso tomarlos como una señal del mes allá, ni una revelación, pienso comentar al respecto, nada más.

En una comida hace poco, hablando de X, su pareja y su perro, la platica fue derivando, desde las mascotas en general, hasta cómo los hombres gay siempre tenemos ese gusanillo de ser papás, que sublimamos con una mascota. No sé si sentirme furioso con ese tipo de mentalidad, desilusionado de la humanidad y sus capacidades racionales, o sólo preocupado por que en pleno siglo XXI vivimos aún en un mundo donde la aceptación y la tolerancia van de la mano con entrar en el modelo aceptable de vida socialmente correcta de los heterosexuales, en este caso.

Yo tengo un gato, y contra todo tipo de afirmación o supuesto, no lo considero mi hijo! No lo trato como a un ser humano, ni tampoco me refiero a él como si lo fuera. Me queda claro que las mascotas son uno de los componentes más importantes en la vida de mucha gente. Sin importar la edad, un perro o un gato representan una oportunidad de ser responsable de otro ser viviente, de compañía e inclusive de protección en algunos casos, e indudablemente de cariño. Pero en mi opinión, de ahí no debe pasar. Hamlet, mi gato, no es la razón por la cual yo no salga de vacaciones o pase la noche en vela si está en el veterinario…es mi mascota; ciertamente él se encuentra mucho más arriba en mi escala de prioridades, que muchos seres humanos, pero eso no significa que yo padezca de algún tipo de esquizofrenia que me haga creer que él es un ser humanoide que sustituye a un hijo mío.

El asunto de los hijos es una cuestión que cada vez, mientras más dentro de la década de los treinta, más evidente se vuelve, y más es convertido en una presión social que, en el caso de un hombre homosexual, hace que sea uno visto con un poco de condescendencia ya que, no vas a tener hijos ¿o sí? (con tono de impacto).

Yo no tengo hijos, y probablemente no los tendré, simplemente por que no los quiero! De manera similar a lo que piensa  (@YourTango) en su texto en Time de hace unas semanas, mi vida se centra en mi mismo, en ser feliz con la cosas que tengo e intentar obtener más. Me gusta viajar, amo ir a conciertos y festivales, y paso horas en mi casa leyendo, cocinando…no tengo intenciones de cambiar eso por un niño (ya de por sí me cuesta hacer concesiones con el hombre con el que esté saliendo, siempre y cuando valga la pena hacerlas).

El rol del tío me sienta bien. Estoy dispuesto a ser aquel que “eche a perder” lo que sus papás le enseñen, a base de regalos y salidas aquí y allá. Cuando mi sobrino (de sangre o de amor) tenga edad de fumar o beber, no me importaría ser yo el que esté con él en ese momento. Me agrada la idea de ser el acompañante de las aventuras de alguien que está creciendo, el adulto que aún puede ser cool y que no se la pasa en el regaño y el juicio de los demás (para eso ya trabajo como maestro), pero…¿cambiar pañales? ¿Sacrificar las cosas que puedo hacer en el futuro, o inclusive mi propia jubilación, por pagar la universidad de alguien? No creo poder hacerlo. Simplemente mi nivel de egoísmo me lo impide, y no me lo tomen a mal, no es al go terriblemente grave aceptar que soy egoísta, al contrario, es un ejercicio de autoconocimiento que no es fácil, así como no es fácil decirlo.

El asunto de la paternidad no es algo que esté en todos y cada uno de los seres humanos por igual. Ciertamente todos podríamos serlo, y muchos no lo haríamos mal si nos lo propusiéramos Sin embargo, no todo el mundo tiene por qué querer hacerlo, y mucho menos cuando, como en la mayoría de los casos, es un requisito implícito de la edad o del estado civil. Ser papá es un trabajo de tiempo completo, con una de las responsabilidades más importantes en el mundo: la vida de otro ser humano; es algo hermoso y de un valor muy alto, por eso, comentarios o mentalidades como la de aquellos que dicen que tener un perro es la sublimación homosexual del deseo de paternidad, son muy ignorantes, y muy condescendientes.

Advertisements