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Trainspotting 2 es definitivamente una buena secuela; llena de referencias a la película de hace veinte años, sin ser una pérdida de tiempo, ni sólo una manera fácil de hacer dinero…La mayoría de los guiños al pasado aparecen contextualizados hoy, en una historia que no se centra en la adicción, sino en la nostalgia, combinada con melancolía, de cuatro hombres que hoy, veinte años después hacen una visita a su propio pasado, a ese pasado que sigue en ellos hoy, y que poco a poco no los deja ser sólo un espectador de su propia juventud, sino hombres en la crisis que representa la realidad de ser todo (o nada), excepto lo que no esperaban ser.

¿Dónde has estado los últimos veinte años? pregunta Sickboy, y Renton responde que tiene una esposa, un trabajo que le paga bien, dos hijos, un niño y una niña, una vida que si no envidiable, es la vida que un hombre de cuarenta años debe tener…la realidad es que no la tiene (perdón por el spoiler); la realidad es que, sin importar qué clase de vida lleve, él sabe que no es, ni de cerca, la que él esperaba tener, no lo dice, lo demuestra con su mirada, con su voz…y poco a poco eso se convierte en toda una revelación: ni Renton, ni ninguno de sus “amigos” sabía que vida tendría veinte años después, y hoy, este vida que llevan se les revela como vacía, como poco deseable, y sobre todo, como una sombra de la que llevaron antes y que hoy los acosa simplemente porque no les da nada más que la oportunidad de voltear atrás y encogerse de hombros.

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T2 es un muy buen pretexto para pensar, veinte años después, sobre la propia vida, sobre qué es estar hoy, todos estos años después, contemplándose a uno mismo. La vida que está en algún punto entre lo que agradable, la rutina, lo que se debe, lo deseable, lo correcto y lo vacío…y las dudas, por supuesto las dudas sobre si hoy hemos hecho lo que hace veinte años esperábamos que hubiera pasado para este momento. Tal vez sólo fue un mal momento para ver T2, o uno muy apropiado, no lo sé, pero me deja pensando mucho. Esa sensación de incompletud que algunos llaman crisis de la mediana edad (y que creo aún no tener edad para experimentar, aunque no sé si hay una edad fija para que suceda), y que en general se siente como una melancolía permanente, que a veces se expresa como rabia, a veces como euforia, a veces como “simplemente no soy lo que todo mundo espera” pero que no siempre es una afirmación positiva de la propia realidad.

Evidentemente no se puede regresar el tiempo, no se puede volver a vivir los últimos veinte años y darles el sentido que hoy se crea que deberían haber tenido; pero tampoco es posible sólo vivir a la sombra de lo que se fue, cuando no se sabía lo que se deseaba ser. Hoy me siento como Renton, que no habla de lo que siente, sólo baila “Lust for Life” a los cuarenta como si tuviera veinte, haciendo como que no le importa que está confundido, y sin decir porqué lo está.

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